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Los bisontes de Altamira 'cumplen' 139 años

Un día de 1868, Modesto Cubillas, tejero asturiano, persiguiendo a su perro durante una jornada de caza en las inmediaciones de Santillana del Mar, descubrió una oquedad que escondía un inmenso tesoro que hoy se ha dado en llamar la Capilla Sixtina del arte paleolítico. Modesto sospechó que aquella grieta no era una de las muchas que había en la zona, y contactó con Marcelino Sanz de Sautuola, un botánico aficionado a la arqueología, que el 24 de septiembre de 1879, 11 años después del descubrimiento de Modesto, se adentró en la cueva, acompañado de su hija María, de 8 años. Allí detectó huesos de animales y algunas herramientas de silex, aunque la que hizo el descubrimiento que cambió la historia fue María: guiada por su curiosidad infantil, se adentró en una sala lateral y, al mirar al techo, descubrió aquellos dibujos tan llamativos.

En 1902, después de años de dudas en la comunidad científica acerca de la capacidad del hombre prehistórico de semejantes dibujos, se reconoció universalmente la autenticidad de las pinturas y las disquisiciones comenzaron a centrarse en las técnicas empleadas y en la finalidad de dichas pinturas. La cueva había sido usada como hogar de una comunidad de 'homo sapiens' cazadores, que dejaron su impronta en las paredes por motivos que podrían ser religiosos, rituales, propiciatorios de la caza... Se trata de bisontes, caballos, ciervos, huellas de manos y otro tipo de imágenes abstractas que fueron pintados hace más de 36.000 años. Se cree que el autor de estos dibujos, que se han convertido en icono del arte ruprestre y entre los que destacan los bisontes, fue una única persona.

Las Cuevas de Altamira son Patrimonio de la Humanidad desde 1985. Y es que no hay nada como los niños para descubrir la belleza que nos rodea.

Más información sobre el origen de las pinturas ruprestres de Altamira, AQUÍ.